La medalla que llegó tarde

Hoy he asistido a un acto muy emotivo. Por eso creo que debo ceder estas líneas a Susana Gisbert. Os dejo el enlace que Susana nombra bajo.
http://www.informavalencia.com/opinion/item/1098-opinion-por-ella/1098-opinion-por-ella
(en memoria de Alicia Valverde Sancho)

Hoy, 5 de Marzo, en el salón de actos de la Ciudad de la Justicia de Valencia, hemos asistido a uno de los actos más emotivos de toda mi vida profesional. O, probablemente, al más emotivo al que haya asistido nunca. Se trataba de la entrega de la medalla a título póstumo de la cruz de San Raimundo de Peñafort a Alicia Valverde, nuestra querida compañera, que nos dejó hace unos meses.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que es la distinción más merecida de la que he tenido noticia. Y que, como pasa en demasiados casos, es un homenaje que llega tarde, demasiado tarde.

Ya tuve oportunidad de escribir sobre ella en dos anteriores ocasiones. De una de ellas, con motivo de su muerte, dejo el enlace. Pero hoy, cuando de nuevo se me agolpaban los recuerdos en la garganta, quiero hacer memoria de aquella otra vez, hace ya varios años.

Estaba Alicia superando, con toda la fuerza que llevaba dentro, la primera embestida de su enfermedad. Compartía despacho con otra compañera que también atravesaba duros momentos. Ambas con una sonrisa, al pie del cañón, como siempre. Entre bromas, porque con ella era imposible mantenerse seria, le pregunté por q ué no se tomaba un respiro, que no aspirara a una “raimunda laureada” porque no iban a dársela. Su respuesta, un obvio “ni falta que me hace”. Tal cual.

Nunca pensé que recordaría en tan tristes circunstancias esta conversación. Alicia nos confirmó con su actitud lo que muchos ya sabíamos hacía tiempo: su enorme calidad humana y profesional. Nadie que no la haya conocido puede siquiera imaginar la fortaleza de esta mujer trabajadora ante la enfermedad, cómo se puede seguir en la brecha mientras el dolor invade su cuerpo pero nunca su ánimo, cómo se negaba a recibir trato de favor alguno e incluso nos insuflaba fuerzas al resto de compañeros, minimizando la admiración que le profesábamos. Por aquel entonces, le dediqué unas líneas en un artículo dedicado al trabajo de los fiscales, haciendo hincapié en ejemplos como el suyo. Ella lo agradeció restándole importancia, y me dijo que estaba exagerando. Era así.

También recuerdo el momento en que entró en mi despacho, proponiéndome invitarme a un café para celebrar que aquel mal había remitido. Ella había ganado. O al menos, eso creía, y nos lo hizo creer a todos. Pocas veces me supo un café tan bien. Y hoy, su regusto amargo todavía visitaba mi garganta.
No voy a decir que Alicia se recuperó, porque no sería cierto. Nunca necesitó recuperarse porque siempre fue fuerte y nada había podido con ella. Venció aquella primera embestida del mal y nos regaló un tiempo precioso, un tiempo de cafés compartidos, de cenas, de cursos y, cómo no, de trabajo constante y callado, un tiempo que hoy desearía haber aprovechado más.

Pero más tarde, cuando todo aquello parecía olvidado, el mal la atacó por la espalda porque nada podía contra ella si iba de frente. Pero no le ganó a ella, porque nos dejó el ejemplo de excelente compañera, amiga y persona que siempre quedara en nosotros, la huella de una gran profesional cuyo solo recuerdo nos ha hecho mejores. En todo caso, nos venció a nosotros.

No me gustan en demasía las condecoraciones. Pero daría cualquier cosa por haber celebrado ésta con ella. No he visto mejor manera de hacerlo que dedicarle estas líneas, y, por supuesto, secarme las lágrimas para brindarle una sonrisa, la que merecen las personas que, como ella, hacen grande nuestra profesión y, sobre todo, nuestro mundo.

Enhorabuena Alicia. Nadie merece esta medalla como tú.

SUSANA GISBERT GRIFO
Tu amiga y compañera

6 pensamientos en “La medalla que llegó tarde

  1. pbm dice:

    Dos medallas, la otra por afrontar la enfermedad tal como cuentas que lo hizo.

  2. MARTA dice:

    PRECIOSA CARTA PARA ALGUIEN QUE SIN DUDA LA MERECÍA.

  3. […] tengo un especial cariño y que llegó demasiado tarde, como tuve ocasión de contar en su día (http://nosinmitoga.com/2014/03/05/la-medalla-que-llego-tarde/). Por eso, precisamente, resulta irritante que algunas se den sin ton ni son. Porque son minoría y […]

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