En todos los oficios se da eso de la deformación profesional. Algo que, llevado a sus últimas consecuencias, puede llegar a convertirte en un palizas de proporciones cósmicas, porque andar todo el día dando la brasa sobre el dolo eventual o la presunción de inocencia, por poner algún ejemplo, puede ser difícil de aguantar. Pero a veces tiene su gracia. Y mucha.
Andaba yo tomando una cervecilla con la titular de este blog –ventajas de la desvirtualización- cuando nos enzarzamos en una animada discusión sobre el apasionante tema de si preferíamos un país a otro para hacer un viajecito. Porque, aunque parezca increíble, tenemos otros temas de conversación más allá de los juzgados, lo que pasa en ellos, y lo que cuentan –o inventan- al respecto los medios de comunicación. Y como no escapará a cualquier sagaz lector, si estábamos discutiendo era porque no estábamos de acuerdo. Así que mi interlocutora afirmó con la vehemencia que le es característica que prefería uno de ellos, ante lo cual yo, no menos vehemente, le pregunté cuántas veces había ido a uno y a otro y, ante la naturaleza de su respuesta –dos y veintitantas-, le reproché que actuaba con parcialidad y sin contrastar sus fuentes, algo nada propio en una periodista de raza como ella. Toma ya.
En ese punto de la conversación, intervino un compañero mío, entre uno y otro sorbo de vino, y le dijo “déjalo, confórmate con el tercio, que te irá mejor”. Para quien no lo sepa, las conformidades en los juicios rápidos tienen la ventaja para el imputado de que, a cambio de reconocer los hechos, se le rebaja en un tercio la pena a imponer, y a la que ha llegado por acuerdo con el fiscal.
A partir de ahí, continuamos con la conversación, junto a nuestro cuarto tertuliano, también del oficio, comentando lo influenciados que estamos con nuestro trabajo que ni en una relajada cañita de viernes al fin del trabajo, nos desprendemos de él. El resto de cosas que comentamos quedan, cómo no, bajo secreto de sumario, no vaya a imputárseme una vulneración del derecho a la intimidad. La deformación profesional es lo que tiene.
Pero eso sí, cumplo mi promesa, y fiel a la frase “esto tiene un post”, me dispongo a plasmarlo negro sobre blanco antes que lo haga la propia titular de la casa, aún a riesgo de que me desahucie por precario. Porque ya se sabe, prior tempore, potior iure
SUSANA GISBERT
( twitter @gisb_sus)